LA MUJER DE ENFRENTE
Pecadora, libre y soberana
Por Leticia Puente Beresford
(CIMAC)
Querida Lucia:
Recordando tiempos de nuestra lucha y de la
construcción de este nuestro espacio, te cuento: Antes, escuchábamos
decires entre mujeres "estoy embarazada". Y de inmediato: "Una
bendicion", como exclamando.
Hoy y no es que no sea una bendición, pero si
escuchas "Estoy embarazada", la misma mujer replica: "Un accidente" a
manera de reclamo.
Y, aquí los comentarios van más allá. "Estoy
embarazada". Y "No es más una bendición, o un accidente, esto es
realmente un pecado".
Y bueno, que durante los últimos dos meses en este
país el tema del aborto ha sido abordado por todos y cada uno de los
medios de comunicación.
El aborto, es un asunto que no tiene fin y nunca lo
tendrá. Así podremos continuarlo, pero no acabarlo, sino hasta que se
respete plenamente NUESTRO DERECHO A DECIDIR sobre nuestros cuerpos.
Las posiciones son tres: Una a favor. La otra en
contra. Y la tres, que se abstiene. Y que dice que considera que tomara
partido hasta que este acontecimiento, el de abortar, le toque a su
cuerpo. Será hasta ese momento en el que se decidirá por cuál optar.
Pero, nótese que no está a favor o en contra. Y es
más, no cuestiona si es derecho o no, o si estarán a su alcance, a su
alcance, pero económico.
Lo que esta tercera posición indica es en sí y para
sí, que la solución no es un si aborto o no aborto. Porque supone y
supone bien. Que no es un llamado a ninguna de las dos opciones.
Es la mas inteligente. Porque opta por una medida
preventiva. Pero, la cual al final. No se pelea con una u otra posición
polarizadas.
Porque de lo que se trata es de una decisión personal a la cual toda mujer tiene derecho.
Así que, de entre lo leído, reporteado y vivido, es
que traigo a cuentas, nuevamente las protestas y las pancartas, de esta
nuestra problemática que pese al paso de los anos, no cambia:
"Deténganse, no maten a madres y legalicen el aborto". Histórica leyenda de demanda neoyorkina en 1968: NY; lo publicó el New York Times el pasado domingo, con un título singular. En Week in Reviw
se leyó a todo color: "WE" y "ME" con un llamado de "Divisiones"; y
además, ‘A Pregnat Pause’. Para toda una generación, apoyar el aborto
ha sido una decisión personal y no una causa política. Preocupaciones
de integrantes de "la milicia menopáusica" y de sus hermanas en el
Congreso; y además, con una posición tan clara de que en este momento
en este país, el apoyo al aborto es una batalla que va de lo personal
contra lo político.
Lo escribe Sheryl Gay Stolberg, desde Washington:
"Y, si bien el movimiento feminista se transformó del ‘yo’ al
‘nosotras’ en todas y cada una de las luchas emprendidas en beneficio
de todas las mujeres, no es hoy, momento de cambio del ‘nosotras’ al
‘yo’.
Porque es precisamente en este ‘yo’ individual
donde se pierde el concepto de hermandad de lo que significan los
logros obtenidos históricamente para ‘nosotras’.
De lo individual a la mayoría, y de lo secreto y privado a lo público.
Esto viene a cuentas, precisamente en este momento
en que está en peligro nuevamente nuestro derecho a decidir la práctica
de la interrupción de un embarazo no deseado. O sea un aborto.
Y esto, sucede en todos y cada uno de los países
del mundo; tanto en vías de desarrollo como en los llamados
desarrollado, tal es el caso de Estados Unidos y su tan anhelada
Reforma Universal de Salud.
El derecho. Nuestro derecho al aborto, se logró
hace 37 anos ‘Roe v.Wade’, decisión de la Suprema Corte en la que
establece el derecho al aborto.
Y, con la Reforma Universal de Salud, lo que se
perderá, no solo será de manera inmediata la cobertura económica de la
práctica de un aborto, sino que será el camino para que se llegue a la
anulación de ese derecho ganado a pulso por tantas de nuestras mujeres
muertas.
Las historias personales de mujeres que hemos
recurrido a la interrupción de un embarazo, continúan acompañando
siempre nuestro derecho a abortar, si así lo decidimos.
Que si pecamos, eso no está en la mesa de
discusión. Como lo explica hoy en su carta de lector Barbara Russakov,
fechada en California. Ella señala que gracias a la lectura de ese
artículo pudo entender finalmente el aborto y las nuevas generaciones.
Ella esta en sus casi setenta años. En 1962, casada a los 20 y
estudiante universitaria, a un año de terminar su carrera le falló el
método anticonceptivo. "Me embarace". Pasaban por problemas financieros
para sostenerse. Y asegura que si en ese momento ellos hubieran podido
mantener a un hijo, "no hubiéramos utilizado ningún método
anticonceptivo".
Barbara indica que afortunadamente contaron en ese
tiempo con un amigo veterinario. Quien les ofreció ayuda. Y fue así
como subió a la mesa de perros tomada de la mano de su esposo, a fin de
que se le provocara una hemorragia. Tras conseguirla, se trasladaron a
urgencias.
El diagnóstico que se dio a este acontecimiento fue de "aborto espontáneo".
Las vidas continuaron felizmente de este
matrimonio. Con dos hijos adultos maravillosos. Y Barbara narra que hoy
cuando el derecho a la reproducción está sufriendo este terrible
"asalto", "mi corazón se aterroriza y mi memoria regresa a esa mesa de
perros".
Al tiempo arremete: "Espero que a ninguna mujer
joven nunca le sean retirados sus derecho a decidir sobre su
reproducción, como me forzaron a mi. Ellos pueden hacer cualquier ley
que quieran, pero nunca podrán hacer que una mujer tenga un bebé.
Nosotras haremos lo que tengamos que hacer. Y hoy en día, las jóvenes
tienen acceso al aborto, el cual debe ser seguro, costeable y legal.
Y al recordar ese año 68, allá en México, en el
Distrito Federal, viene a mi mente la visita al Desierto de los Leones
y al Valle de las Monjas. Ahí, existe un convento, en el subterráneo
están los ataúdes de pequeñitos que no nacieron.
Y ahí, nadie dice nada. Todo lo recuerdo. ¿Y de qué
murieron? Pregunté al guía. Su respuesta: "Niña, esa pregunta no se
pregunta".
Esto viene a cuentas porque aquí es la iglesia
católica la que se ha dedicado a enviar cartas al Senado para
contraponerse a la utilización de los recursos del Estado a favor de
salvar las vidas de las madres. De las mujeres que optan por un aborto.
Y aún me pregunto: ¿Quién es más pecador?
Lo cierto es que la libertad y la soberanía de cada ciudadana, debe de quedar bien clara.