OPINIÓN
"El ágora
de las musas"
La semántica autoritaria de "la iglesia"
Por Rubí de María Gómez Campos*
(CIMAC).- Como una
"estupidez" calificó el señor Onésimo Cepeda la aprobación de matrimonios
homosexuales por parte de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Los
dirigentes del catolicismo mexicano, envanecidos por la serie de logros en su
dinámica de intromisión en la vida política del país, se muestran ofendidos por
un hecho tan natural como reconocer legalmente la existencia de parejas
homosexuales; al extremo de replantear definiciones del mundo cuya extraña
semántica sólo se comprende bajo una perspectiva autoritaria, hipócrita y
obscena, como les es común.
Extender a las parejas homosexuales los derechos sociales
garantizados al resto de la ciudadanía significa solamente respetar de hecho la
condición humana y reconocer, también de derecho, la dignidad que caracteriza a
cualquier individuo, independientemente de su condición social, civil y de la
orientación sexual que lo caracterice. Pero en su afán por definir no sólo los
criterios morales que guíen a su feligresía, sino también los criterios legales
que guíen a toda la ciudadanía, se atreven a decretar para otros valores que
ellos mismos se niegan a respetar y a atribuir pecados que ellos no se cansan de
cometer.
Los "logros" políticos que los jerarcas católicos han
alcanzado, gracias al contubernio que le asegura al PRI su retorno al poder en
el 2012, se traducen en la imposición de criterios morales del ámbito privado de
su religión al espacio público de la vida social.
En este caso, ya han logrado imponer al estado laico criterios
particulares de una religión cada vez más disminuida, limitando a las mujeres de
18 estados la posibilidad de decisión sobre su propio cuerpo. Ahora les
escandaliza la posibilidad del matrimonio entre personas del mismo sexo y sobre
todo la nueva forma de la adopción legal que la ley les ofrece.
Sin ningún aprecio por la condición de amor y desconsiderando
la solución que esta posibilidad de adopción ofrece a niños y niñas
desamparadas, para las cuales no hay hogares disponibles ni personas dispuestas
a brindarles los recursos necesarios para una subsistencia feliz, la alta
jerarquía eclesiástica se mantiene en una posición de condena total a una forma
de amor y convivencia capaz de abrir su corazón a formas múltiples de relación
humana.
Desde una postura discriminatoria y homofóbica (que es por
cierto ilegal en una sociedad democrática, en cuya Constitución se establece el
principio de no discriminación), el señor Norberto Rivera sostiene una noción de
"bien común" que excluye al gran número de homosexuales que conforman parte
importante de la ciudadanía (ciudadanía que también paga impuestos y cumple los
preceptos de la vida social, en muchas ocasiones más y mejor que ellos si nos
acordamos de los atentados a la infancia que sistemática e internacionalmente
cometen, cubren y protegen con cinismo; desde el más alto nivel).
En las serias palabras y en los graves actos de los
representantes de la "santa iglesia" no ha cabido el amor y el perdón y la
caridad están ausentes. No la lascivia y la concupiscencia; que tienen reservado
un lugar especial, sólo para ellos. Aludiendo a un supuesto daño a la infancia
(a la que muchos de ellos no se han detenido en lacerar directamente, con abusos
sexuales) y quejándose de que los legisladores del PRD no hayan consultado a la
sociedad (de la misma manera que no se consultó en los 18 estados en donde fue
aprobada la ley "antiaborto"), los grupos de ultraderecha promueven y legitiman
irresponsablemente conductas criminales en contra de los homosexuales, de la
misma manera en que atentan contra la vida de miles de mujeres pobres que
tendrán que seguir sometiéndose a prácticas riesgosas, por clandestinas, sobre
su cuerpo, su salud y su vida.
Finalmente son precisamente estas prácticas que garantiza la
ley en el Distrito Federal (tanto la interrupción del embarazo como el
matrimonio entre parejas del mismo sexo y la posibilidad de la adopción) las que
permitirán que se efectúe un verdadero cambio de conciencia en toda la sociedad.
Sólo cuando las niñas y niños realmente existentes cuenten con los recursos
económicos y amorosos de una vida digna, sana y plena, cuya educación esté
basada en criterios abiertos de verdadero respeto y sentido de solidaridad, y no
en los prejuicios aniquilantes de exterminio del otro por el mero hecho de su
diversidad, podremos alcanzar a construir un mundo justo y pleno, solidificado
en el amor del que hablaba el iniciador de esa religión.
Son los jerarcas, no los fieles, quienes han cambiado el
sentido profundo del amor por actos de negación. Sin cuestionar la violación del
cuerpo femenino, según su "santa" lógica: los hijos no deseados (incluidos los
que son producto de violación sexual) deben nacer; y aunque nadie los quiera, no
deben ser dados en adopción. No promulgan el amor al prójimo sino el rechazo al
prójimo que no sea como ellos. Conciben como atentado a sus familias que existan
seres que a pesar del rechazo social quieren formar una, y prefieren muertas a
las mujeres que disfrutan su cuerpo, antes que aceptar que no cumplan con la
función de objeto que le asignan.
*Académica y ex directora del Instituto Michoacano de la Mujer
(IMM).