MONEDERO
Rezago de las mujeres en la educación y sus efectos
Carmen R. Ponce Meléndez
(CIMAC).- Si
algo ha marcado las desigualdades de género en el país y en general en
el mundo, es la educación y el desarrollo científico. Pone a las
mujeres en condiciones de desigualdad y desventaja para el acceso al
mercado de trabajo; para el desarrollo de sus capacidades manuales o
intelectuales; en su rol de madres y esposas; en su salud; las hace
más vulnerables a la violencia doméstica y comunitaria; en general en
la construcción de sus expectativas de vida.
Por eso el rostro más doloroso de esta crisis,
combinada con una política económica depredadora, es la noticia de que
700 mil niños y niñas abandonaron la primaria y secundaria en el último
año, para ayudar a sus familias frente a la recesión económica por la
que atraviesa el país. Y que en primer término contradice las versiones
oficiales de que la economía nacional ya está en plena recuperación.
A estos niños y niñas se suman miles de jovencitas
de 15 a 24 años que están en situación de ni nis, porque ni estudian ni
pueden conseguir trabajo. Según la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en México más de
un millón 340 mil jóvenes, esto es, el 11 por ciento de quienes tienen
entre 17 y 22 años, se hallan en la "penuria de la educación y la
marginación", lo que significa tener menos de cuatro años de
escolaridad.
De cada 100 habitantes del país sólo 18 cuentan con
ingresos suficientes y con todos los derechos sociales cubiertos
-educación, servicios de salud, seguridad social, calidad y espacios de
vivienda, acceso a los servicios básicos y alimentación-; cifras del
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social
(Coneval), 2006-2008.
Sin garantía de la educación
Se acabaron las expectativas de capilaridad social
que durante décadas tuvo la sociedad mexicana y que descansaban
especialmente en el acceso a la educación; no sólo de los sectores
populares, sino también de las clases medias. Era la esperanza de los
pobres mandar a sus hijos a la escuela para que fueran "alguien en la
vida" y para salir de pobres; después obtener una beca del Conacyt para
un posgrado y construirse un proyecto de vida.
La educación privada cada vez es más inaccesible
para los sectores medios, que frente a la reducción de sus ingresos no
tienen más opción que la educación pública y las mejores alternativas
en el mercado de trabajo son para los egresados de las Universidades
privadas.
De acuerdo con el tercer informe del Banco de
México (Banxico) sobre inflación, la variación en los precios de la
educación osciló entre 5.67 y 4.13, de junio a septiembre de 2009,
cifras muy superiores a la meta de inflación del 3 por ciento, fijada
para ese año.
Este proceso no sólo es resultado de la crisis que, si bien lo agudiza, en realidad se inició después de la década de los 90’s.
¿Cómo ha afectado esto a las mujeres?
En 2005 y con base en información del Consejo
Nacional de Población (Conapo), el 9.6 por ciento de la población
femenina de 15 años o más no contaba con ninguna instrucción formal,
mientras que entre la población masculina esta cifra fue de 7.2 por
ciento.
Por otra parte, en el mismo año, la tasa de
alfabetización entre mujeres ascendió a 89.7 por cada 100; en cambio,
para los hombres fue de 91.7 varones por cada 100. Finalmente, en 2005
el rezago educativo alcanzaba a 43.4 por ciento de los varones en edad
escolar que no podían concluir sus estudios básicos por problemas de
inasistencia, deserción o reprobación, mientras que 47.3 por ciento de
las mujeres se encontraba en esta situación.
En la población indígena se recrudece esta problemática.
La tasa de alfabetización de las mujeres indígenas
asciende a 602 mujeres mayores de 15 años que saben leer y escribir,
por cada mil mujeres indígenas de la misma edad. Se puede observar que,
para prácticamente todos los grupos etnolingüísticos, dicha tasa es
menor a la de las mujeres no indígenas (923 por cada mil) y a la de los
hombres indígenas (767 por cada mil).
Aunque las adolescentes indígenas alcanzan niveles
de alfabetización cercanos a los de sus coetáneas no indígenas, las
mujeres de entre 20 y 24 años que pertenecen a algún grupo
etnolingüístico tienen una tasa de alfabetización semejante a las
mujeres no indígenas entre 55 y 59 años, diferencia que evidencia el
dramático rezago educativo en el que se encuentra este grupo de la
población.
Por otro lado, la tasa de asistencia escolar
también es menor entre la población indígena. Mientras que la población
femenina no indígena en edad escolar tiene una tasa de asistencia de
812 mujeres por cada mil, entre las indígenas ésta asciende a 693
mujeres por cada mil.
En México la tasa de asistencia escolar tiende a
disminuir drásticamente alrededor de la adolescencia, tanto entre los
hombres como entre las mujeres. Sin embargo, mientras que la tasa de
las mujeres no indígenas presenta una reducción de 42 por ciento, entre
la población de mujeres indígenas la diferencia es de 61 por ciento.
Análisis por localidades
Si se analiza por género y por tamaño de localidad,
la población de 15 a 29 años que asiste a la escuela, se observa que en
todos los tamaños de localidad -de menos de 2 mil 500 habitantes a 100
mil y más habitantes-, el conjunto de población masculina que asiste a
la escuela es superior a la femenina, especialmente en aquellas
poblaciones de menos de 2 mil 500 habitantes (datos del Inegi, 2005).
Por otra parte el porcentaje de población femenina
sin escolaridad -15 años y más-, es de 9.6, mientras que la masculina
es de 7.2. En Chiapas la proporción es de 24.6 y 15.8, respectivamente,
es enorme la diferencia que existe en el porcentaje de mujeres sin
escolaridad.
Mientras que el porcentaje de la población que
asiste a la escuela a nivel nacional (12 a 14 años), es de 90.1 para
las mujeres y 90.0 en hombres, es una diferencia mínima pero que se
acentúa con la pobreza, en Chiapas el porcentaje es de 86.2 en hombres
y 82.1 para mujeres.
En el grupo etario de 20 a 29 años, a nivel
nacional, la proporción de población femenina que asiste a la escuela
es de 12.8, inferior al 14.7 de la población masculina. Sin embargo,
en el estado de Guerrero es menor el porcentaje de población que en
esta edad asiste a la escuela y es poca la diferencia entre géneros:
11.7 hombres y 11.1 mujeres.
De cualquier forma es muy bajo el nivel de
población que tiene acceso a la educación media y superior, tanto la
masculina como la femenina.
Para el nivel de posgrado se repite este fenómeno, hay una diferencia de 6 885 educandos, a favor de la población masculina.
La vulnerable condición de trabajadoras
En estas condiciones, evidentemente las mujeres se
incorporan a la vida económica en actividades precarias, de tal forma
que de cada 100 personas que cuentan con una pensión laboral sólo 25
son mujeres. Lo que demuestra la condición tan vulnerable que tiene la
población femenina en la tercera edad.
A nivel nacional el plus de horas que trabajan las
mujeres es de 10.4, sumando trabajo doméstico y extradoméstico y como
esto también está asociado a la educación y a la pobreza en Chiapas,
por ejemplo, la jornada aumenta a 15.9 horas, cifras del Instituto
Nacional de Estadística e Informática (Inegi), 2007.
En esta entidad se conjugan varios factores:
pobreza extrema; marginalidad; discriminación, analfabetismo, bajos
niveles educativos, altas tasas de fecundidad y mortalidad materna; una
economía agrícola de subsistencia y una gran población femenina
indígena.
Por ejemplo, la tasa global de fecundidad es de
2.13, pero en Guerrero asciende a 2.49 (datos del 2007), y es sabido
que este es un factor que limita la liberación de carga de trabajo
doméstico para las mujeres.
Si vinculamos las tasas globales de fecundidad con
la participación de la mujeres en las actividades económicas, resulta
que en las mujeres inactivas esta tasa es del doble (4), en tanto que
las mujeres que participan en el mercado de trabajo tienen una tasa de
2.2 (Conapo, 1990).
El número de hijos en las mujeres sin educación es de 4.9 y en las de secundaria o más se reduce a 2.5.
Lo mismo sucede con el porcentaje de mujeres
usuarias de métodos anticonceptivos, en las que carecen de escolaridad
es de 38.1, en contraste las de secundaria y más el porcentaje es de
75.0, casi el doble.
El patrón de nupcialidad muy temprana (15-18 años)
se da en la población sin escolaridad, mientras que en la que tiene
secundaria y más es de 22.6 años en promedio.
Otro dato significativo es la necesidad
insatisfecha de planificación familiar en las mujeres en edad fértil,
en las poblaciones con muy alto grado de marginalidad es de 26.7 (datos
de Conapo, 2006).
Violencia vs. Desigualdad educativa
Por lo que hace a los indicadores de violencia de
que es objeto la mujer, a nivel nacional, la proporción de mujeres de
15 años y más con al menos un incidente de violencia es de más de la
mitad (61.5), y en el caso de Tabasco esta cifra se incrementa al
68.3. Con un registro de violencia laboral de 30.0, nacional.
Claramente se pueden apreciar todas las
implicaciones que tiene para la población femenina de cualquier edad su
nivel de desigualdad educativa, respecto a la población masculina. No
obstante que se están analizando cifras previas al período 2006-2012,
donde realmente se verán los estragos que va a ocasionar la recesión y
esta persistente política de pro-crisis.
Es importante considerar que buena parte de esta
información es resultado del último Censo Económico que alimenta a la
Coneval y a Conapo, entre otras instituciones, por eso es tan
preocupante que el próximo Censo para 2010 no incluirá información
sobre fecundidad, mortalidad, migración y actividad económica, sobre
todo que tipo de actividades temporales remuneradas son las que
actualmente se practican en México, nada más.
* Economista especializada en temas de género
ramona_meléndez@yahoo.com