OPINIÓN
La manzana de Eva
Por Tere Molla*
(CIMAC).- Es
muy curioso observar como cada cierto tiempo surge alguna voz
ultraconservadora y que consigue acaparar los micrófonos de algunos
medios de comunicación con mensajes claramente misóginos.
En este caso la voz viene, de nuevo, de la carrera
judicial y trae un mensaje contrario a las políticas de igualdad entre
mujeres y hombres impulsadas por el Gobierno de Zapatero. El autor de
las manifestaciones misóginas es el juez de Familia número 7 Sevilla,
Francisco Serrano quien tacha la ley contra la violencia de género de
"discriminatoria" y apuntó que es fruto de la "dictadura" del
"feminismo radical", la calificó como "perversa" y atacó el "mito de
las denuncias falsas".
Hay que decir que, afortunadamente para las
mujeres, esta posición es muy minoritaria dentro de la carrera judicial
y que de forma casi inmediata, la presidenta del Observatorio lamentó
por medio de un comunicado que opiniones como las de Serrano demuestran
"una falta de sensibilidad ante un problema social de derechos
humanos".
En cualquier caso lo que resulta evidente en este
tipo de reacciones (hemos de recordar que no es la única y que en carta
abierta en el periódico La Nueva España de fecha 29-12-2009, el titular
del juzgado nš 8 de Gijón, Ángel Luís Campo se sumó a las críticas del
Juez Serrano) es la necesidad que tienen, quienes realizan este tipo de
manifestaciones de seguir culpabilizando a las mujeres sobre su propia
condición de víctimas del terrorismo machista.
Tampoco se nos pueden escapar las declaraciones que
algún prelado ha realizado como consecuencia de la reforma de la Ley
del aborto, como las realizadas por el arzobispo de Granada, Javier
Martínez, quien en una homilía dio a entender que la mujer que aborta
"mata a un niño indefenso" y, por tanto, "da a los varones la licencia
absoluta, sin límites, de abusar" de su cuerpo. Aparte de estar
haciendo una clara apología del terrorismo machista, este hombre,
vuelve a usar la culpa en todos sus argumentos para, de nuevo, lanzar
todos sus dardos envenenados contra las mujeres.
Claro que no podemos olvidar a quienes inventaron
la historia de Adán y Eva y con qué objeto: el que controlar a las
mujeres a través del potente instrumento de la culpa. Y como vemos,
sigue funcionando y cada cierto tiempo, el conjunto de la judicatura
tiene que salir públicamente a desmentir el mito de las denuncias
falsas por parte de las mujeres en temas de violencia machista, puesto
que ahora, lo que se está utilizando para continuar menoscabando las
verdades y realidades que cuentan las mujeres víctimas, es ese.
El largo y silencioso camino que tienen que
recorrer las mujeres, su situación de dependencia emocional respecto
del agresor, su baja autoestima y una larga lista de factores influyen
en demasiados casos en la retirada de las denuncias. Pero esto no ha de
confundirse con la veracidad de los hechos que es lo que se pretende
cuestionar por parte de organizaciones reaccionarias que pretenden
llevar a la sociedad un mensaje sobre que esta ley, la ley contra la
violencia de género, es un instrumento que va directamente contra los
hombres, sin pararse en absoluto a pensar que quienes pierden la vida
siguen siendo mujeres y que, por tanto, los intereses que se tienen que
proteger son los de las víctimas.
La culpa a través de la manzana de Eva, ha sido uno
de los instrumentos más efectivos para el sometimiento de las personas
y, concretamente de las mujeres, y cuando se nota por parte de los
colectivos más reaccionarios de nuestra sociedad, que deja de ser
efectivo, se da una vuelta más al tornillo y se mezcla la culpa con la
mentira de los hechos que cuentan las víctimas, con el claro objetivo
de seguir manteniendo las verdades universales que ellos pregonan: la
prevalencia de las verdades de los hombres frente a las mentiras de las
mujeres.
Y eso, lo que denota es la misoginia más rancia,
hermética, castradora de derechos humanos por parte de quienes
practican este discurso que suelen coincidir con colectivos ya
mencionados como algunos miembros de la judicatura, los señores de
faldas largas y negras y ahora se suman otros colectivos igualmente
reaccionarios como algunas asociaciones de padres separados y
divorciados.
Cabría preguntarse el origen de la violencia
implícita en sus declaraciones. Pero mientras a muchas nos seguirán
encontrando enfrente para rebatir sus argumentos y desmontarlos uno
tras otro, porque nuestros derechos humanos como mujeres son tan
importantes como los suyos, pero nunca menores que es lo que su
discurso pretende.
tmolla@teremolla.net
* Periodista y feminista en Ontinyent, Valencia, España.