El Ágora de las musas
El encanto de un burka
Por Rubí de María Gómez Campos*
(CIMAC).- El Gobierno francés prepara un proyecto legislativo
para prohibir el uso del burka, velo integral islámico que cubre casi
por completo a la mujer en los espacios públicos (y en algunos casos
también en los privados)
A pesar de lo aparentemente benévolo de la medida
que busca "aligerar la tensión" de más de dos mil mujeres que viven en
ese país y que se ven obligadas por razones religiosas o de costumbre a
cubrirse de la cabeza a los pies con esa túnica, se ha desatado una
polémica acerca de lo conveniente o no de la medida, debido al hecho de
que inflige a las mujeres lo contrario a lo que su religión les imponía
(ahora la prohibición a usar el dicho atuendo, concebido como protector
de la virtud de las mujeres).
El problema que enfrenta éste y otros temas es la
complejidad que conlleva la condición de desigualdad de las mujeres. Una
organización llamada "SOS Racisme" considera esta medida contraria a la
Constitución y a la Convención Europea de los Derechos del Hombre, ya
que la lucha por los derechos de las mujeres es inseparable del combate
contra el racismo; y la medida, apoyada en un principio liberal que se
pretende universalmente válido, no respeta las diferencias culturales.
Por si esto fuera poco, mujeres musulmanas se oponen
a la ley que consideran contraria a sus creencias. Los argumentos de
quienes se oponen a la ley francesa no olvidan el carácter de
sometimiento que se impone sobre las musulmanas. "Si la policía persigue
a las mujeres que la usen, entonces no saldrán a la calle, y estarán
dos veces encerradas" afirmó el diputado Jean-Christophe Cambadélis, del
Partido Socialista.
Según Human Rights Watch este tipo de prohibiciones
"viola los derechos de las personas que optan por llevar el velo y no
ayudan a aquellas que son obligadas a hacerlo". Sabemos ya que no es por
decreto como puede lucharse contra el patriarcado.
El problema feminista de fondo de este asunto que ha
sacado a la luz el debate Comunitarismo vs. Liberalismo de las
sociedades multiculturales, y las complejas interpretaciones acerca de
la validez universal de las argumentaciones de uno y otro bando (con
todo y sus perplejidades), está tal vez en lo que se conoce bajo el
nombre de "Síndrome de Estocolmo".
Las mujeres, decía J. P. Sartre, son el único grupo
de esclavos que son capaces de besar sus cadenas. Aunque esto no es
debido a algún rasgo esencial de las mujeres, sino a una condición a la
que ellas se han visto sometidas durante muchos siglos. El Síndrome de
Estocolmo es un proceso sicológico de protección; una forma del sentido
de sobrevivencia que se produce frente a la emoción del miedo.
El resultado de humillaciones de larga duración o
des-valoraciones permanentes produce en los sujetos que las sufren un
sentimiento de empatía o afinidad con el verdugo a partir de cualquier
gesto, por mínimo que sea, de simpatía o afecto.
Las relaciones interpersonales que los sujetos
sociales establecen producen la tendencia a establecer identificaciones
con los otros, aun en las condiciones más adversas. La defensa del uso
del burka, por parte de mujeres que lo usan, es de este tipo.
Por ello también es que mujeres víctimas de
violencia resultan incapaces muchas veces de establecer medidas de
defensa reales y enfrentar y alejarse del hombre que las victimiza. El
hombre violento sólo continúa las sesiones de humillación, denigración,
que antes otros sujetos (miembros de la familia, generalmente el padre y
hasta la misma madre) le hicieron recibir a la víctima.
Por otra parte, el miedo a alguna cosa peor (como si
hubiera cosas peores que el desprecio y el desamor que la víctima
siente por ella misma, después que se acostumbra) hace que las mujeres
víctimas de violencia acepten situaciones de desamor y de maltrato, que
llevan a agudizar la confusión que vive y a mantener la indistinción
entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo bueno y lo malo, para sí
misma.
Es por todo esto que, desde el punto de vista de un
pleno reconocimiento de la dignidad humana de las mujeres, no es
suficiente con crear leyes tiendan a obligarlas a reconocerse como seres
humanos iguales a los otros, pero tampoco es superfluo que se
establezcan condiciones legales que las coloquen en disposición de
participar del debate.
Ya discutir las normas es un hecho que rompe con la
tradición liberal de imponer medidas colonialistas y unilaterales a los
países económicamente dominados. Pero la voz de las mujeres también pone
en cuestión las tradiciones patriarcales ancestrales que buscan someter
a la mujer no sólo mediante la costumbre de reprimir su cuerpo, sino
también negando cualquier signo de identidad humana, a través de
tradiciones culturales diversas.
Finalmente con esta discusión, gane quien gane, las
mujeres han obtenido el derecho negado a la palabra. Respecto del burka,
la obligación de usar cualquier atuendo, o bien, la prohibición de usar
cualquier atuendo tienen, paradójicamente, aun con diferente (o hasta
opuesto) signo, igual sentido.
Lo malo no es usar o no usar un burka. A veces,
cuando me siento deprimida y cuando no quiero ver a nadie ni que nadie
me vea, me gustaría poder usarlo. Es, entre otras muchas cosas, una
forma de sustraerse a todas las miradas. Inclusive hay quien considera
el burka de forma positiva. El filósofo Abdennour Bidar dice en el
diario Le Monde: "la identidad oculta por completo tras el burka es la
identidad profunda del yo moderno, hoy ilocalizable".
Lo malo, lo monstruoso es (independientemente del
motivo) tener que usarla, o no usarla, sin alternativa...
* Académica y ex titular del Instituto Michoacano de
la Mujer