El Ágora de las musas
"Las muertes chiquitas"
Rubí de María Gómez Campos*
(CIMAC).- Mayo no es solamente un mes de puentes y de
celebraciones alegres como el Día de la Madre o el Día del Maestro. En
este mes se conmemora también, además del Día del Trabajo y las
celebraciones patrias, el Día Internacional de Lucha contra la
Mortalidad Materna, el 26 de mayo; el Día de las mujeres por la Paz, el
24; y el 28, el Día por la salud de las mujeres.
Es pues el mes de la madre mistificada, de la
sacrificada, de la abnegada y la pasiva, pero también lo es de las
madres reales: de las que mueren por falta de hospitales y carecen de
servicios de calidad suficiente y competente; de las madres dolientes,
luchadoras, vitales, angustiadas por la situación social que les toca
afrontar junto a sus hijos; de las madres activas y creativas, las que
tienen que trabajar porque las próximas generaciones de hijos no
carezcan del lugar hospitalario que ha sido la madre tierra.
Es pues un mes dedicado a homenajear a la fertilidad
que, en plena primavera, tiene que vencer los obstáculos de un mundo
concentrado más en la violencia destructiva cotidiana que en la
capacidad generadora creativa que ofrece la potencia materna.
Más que celebrar a las madres con fiestas y regalos,
simbólica o materialmente opresores, consumistas y frívolos, si las
personas quisieran homenajear realmente a quienes "dan a luz" (hago
notar la belleza de esta designación a las mujeres que realizan su
capacidad biológica materna), bastaría con respetar y mantener el orden
de paz y legalidad igualitaria por el que lucharon y murieron hombres y
mujeres en quienes la potencia materna resultó superior a las
limitaciones patriarcales de opresores en todos los niveles de la vida
social.
Bastaría que el amor a la vida que se expresa en el
símbolo de la madre fuera real, para que las madres de este mundo se
sintieran colmadas. Que pudiéramos estar tranquilas de dejar y de ver a
nuestros hijos vivir en un lugar amable, hospitalario y generoso, sería
el mejor regalo.
Pero el orden de desigualdad de la cultura
patriarcal, especialmente la desigualdad económica y la exclusión
educativa, limitan la posibilidad de que la misma maternidad sea vivida
siempre, sólo como alegría. Los números de muerte de mujeres por
problemas de salud sexual y reproductiva son muy altos, sin considerar
el sub-registro debido a la limitación de las definiciones, como la de
muerte materna al periodo de gestación, el alumbramiento y el posparto.
En el año 2005, la mortalidad materna en Michoacán
se ubicó en el séptimo lugar a nivel nacional; en el 2006 la mortalidad
por cáncer mamario en el estado se ubicó en el lugar número 15 y por
cáncer cérvico-uterino ocupó el lugar 17. Pero además las mujeres
dedican gran parte de su vida a las tareas reproductivas; aún aquellas
que no ejercen biológicamente esta capacidad, ya que también dedican
tiempo y atención a la menstruación y a la menopausia.
Por último no se puede aislar de la problemática de
los derechos sexuales y reproductivos la posibilidad real y legal de
interrupción del embarazo, ni las consecuencias de muerte de mujeres que
existe en los casos en que es penalizada.
En fin, los procesos biológicos, como decía Simone
de Beauvoir, invaden la vida de las mujeres. Y esto es un hecho que nos
coloca en la necesidad de definir políticas sociales integrales que
atraviesen las áreas de salud, educativas y laborales, en donde es
imprescindible mantener la atención a las mujeres (madres y no madres).
En el caso de los derechos sexuales y reproductivos,
y ante la garantía de atención a la salud que caracteriza a cualquier
sistema de gobierno democrático, es necesario que el derecho a la salud,
que abarca la salud sexual y reproductiva de las mujeres, desarrolle un
programa integral que permita erradicar la muerte absurda de mujeres
por la mera aplicación de criterios patriarcales. Complementariamente,
en procesos de vinculación con otros organismos sociales, se deberían
implementar políticas universitarias de promoción de la investigación en
este y en otros campos.
En el fondo este grande aunque imperceptible
problema de los derechos sexuales y reproductivos expresa, si lo
comparamos con la parafernalia del amor a la madre el 10 de mayo, la
hipocresía de un mundo que dedica su esfuerzo más sostenido a la
violencia y a la destrucción del otro, y finge valorar la experiencia
del cuidado del otro, asignando simultáneamente su responsabilidad
exclusiva a las mujeres.
Por ello, con el fin de promover la atención de las
instituciones a este tema de la salud sexual y reproductiva a la que las
mujeres tenemos derecho, queremos impulsar la reflexión sobre el tema
del placer, el dolor y la muerte de las mujeres, a través de la
realización de un evento cultural que consiste en la exhibición de un
documental de la artista española Mireia Sallares. "Las muertes
chiquitas", es el título bajo el que se concentra la presentación de
Conferencias, Mesas Redondas, La Película del mismo nombre y una
exhibición de fotografía. Todas las actividades se realizarán desde las
cinco de la tarde, a partir del 17 de mayo y hasta el 27 de junio, en el
Museo del Estado y en la sala Efraín Vargas de la Casa de la Cultura.
*Académica y ex titular del Instituto Michoacano de
la Mujer