Sátira del mundo doméstico ó apología de la familia mexicana
Por Carolina Velázquez
(CIMAC).-
Gabriel Vargas, quien falleció el masado 25 de mayo, fue el creador de
la historieta La familia Burrón y de un personaje femenino que con el
tiempo se volvió emblemático en el cómic mexicano: Borola Tacuche,
esposa de Regino Burrón, una mujer flaca, alta de pelo rojo, dueña de un
carácter disparatado y una alegría vital extraordinaria.
A doña Borola, Vargas la definió como una mujer de
"nobles sentimientos" que sabía salir airosa de las más grandes
dificultades, "con su ingenio y perspicacia busca siempre la forma de
que el mundo no se le cierre ante nada".
Su marido, Regino Burrón, es en cambio la otra cara
de la moneda.
"Un hombre chaparrito, reposado e inteligente, que
se manifiesta un poco en contra de la manera de ser de su esposa. Sabe
que es capaz de cualquier cosa por conseguir dinero y alimento para
sacar adelante a su familia", decía Vargas.
Borola Tacuche fue un personaje que cambió, al igual
que su autor, con el tiempo. De estas transformaciones dan cuenta Juan
Manuel Aurecochea y Armando Bartra en "Puros Cuentos. Historia de la
historieta en México 1934-1950" (Conaculta-Grijalbo, 1993).
Para estos autores, la causa de estas modificaciones
no está en el carácter rebelde de Borola, que lucha por su
emancipación, sino en la posición de Gabriel Vargas ante la injusticia
social. El verdadero drama de los Burrón, señalan, no es quien cocina en
casa, sino el que todos los días haya algo que echar en la olla.
"Para Vargas, el matrimonio no es una isla. Lejos de
constituir un ámbito autosuficiente susceptible de disección burlesca,
la familia de los Burrón es el último reducto de la lucha cotidiana
contra la adversidad".
Así, "la historia puede ser leída como una
descarnada sátira del mundo doméstico o como una apología de la familia
mexicana; pero en todo caso la visión de Vargas no es intimista, lo que
en verdad importa es la tragicomedia social que el matrimonio
protagoniza".
La niña mimada de los años 40, que hacía travesuras
ingeniosas, simpáticas, crueles y egoístas, se convierte en 1954 en "una
estrella del firmamento teatral" que aparece como "ombliguista atómica"
y "exótica de los ojos verdes", exponen.
Después de su éxito, su regreso al hogar lo marca su
participación en "desquiciantes proyectos": transforma la azotea de la
vecindad en donde vive, en el Callejón del Cuajo, en balneario; ejerce
de mujer bala o de luchadora enmascarada, establece un servicio de
transporte en lancha para los damnificados de las inundaciones y, sobre
todo, sigue promoviendo el reventón al ritmo de los tiempos, con
escuelas de chachachá y festivales a go-gó.
Para Aurecochea y Bartra La familia Burrrón entró en
un bache creativo de los años 60 a la mayor parte de los 70, sin
embargo a partir de 1978 -con la salida de Gabriel Vargas de Editorial
Panamericana y el inicio de la publicación de la historieta por su
cuenta— tomó un segundo aire y se politizó.
A partir de esta época, la carestía, los problemas
sociales y la respuesta de sus protagonistas, primero individual y luego
colectiva, se hacen cada vez más presentes, "las acendradas
convicciones conformistas de Regino se tambalean, y Borola comienza a
transitar del bandolerismo social, al liderazgo comunitario".
Como ejemplo de estas modificaciones, en "Puros
Cuentos…" se retoma el siguiente diálogo:
Regino: Estamos viviendo una época tan infame, tan
revuelta que uno pierde la fe.
Borola: Vamos a ir todo el viejerío, armadas hasta
los dientes…
Regino: No quiero que te metas en líos. Deja que
cada quien se defienda con sus propias uñas.
Borola: Es que si voy sola nadie me hace caso… en
cambio si llevo a mis guerrilleras y armamos un sanquintín, seguro se
nos hace justicia.
Regino: Olvídate… Lo único que nos queda es armarnos
de paciencia.
Borola: Entonces tu quieres que la situaciones se
arreglen solas ¿No?.... me has desilusionado, chaparro, creía que eras
un hombre de arranque…
Regino: Lo siento pero soy hombre de paz… Razono los
problemas… pero no sé razonar con valentía.
Borola: Pues yo no lo pienso, déjame. ¡Si en el
combate me cortan el hilo de la vida no chilles, que por las heroínas
nomás se puja!
En la historieta, doña Borola no es una mujer bella,
al respecto en una entrevista publicada en la revista Activa (número 7,
año XIII, 1988) Gabriel Vargas explicaba:
"Una publicación cómica es diferente a las revistas,
donde el punto de apoyo son las mujeres bonitas. Yo no pensé que su
atractivo se encontrara en el físico, sino en su actuación. Para
hacerla no me apoyo ni en su fealdad, ni en nada. Sólo quiero que sea
grata para la gente que la vea".
Respecto a la actuación de la flaca de
pelo rojo, rebelde y divertida, señaló:
"Cuando sus vecinas tienen algún problema. Doña
Borola siempre intercede en su defensa diciéndoles que no tienen porqué
aguantar a hombres con tantos defectos. Les hecha constantemente que
sean esposas a la mexicana: aguantan malos tratos, siempre andan mal
vestidas y para colmo son fieles".
Con este personaje, Gabriel Vargas trató de
transmitir una actitud, que considero, debemos mantener todas las
mujeres.
"No tienen por qué aguantar a hombres plagados de
defectos, que además de llenarlas de hijos, sólo les dan dificultades.
El sexo femenino puede tener todas las prerrogativas que le ofrece la
civilización. Los hombres no deben abusar de ellas con su machismo".
Borola Tacuche no es la única mujer que aparece como
personaje en la historieta mexicana, las hay desde el siglo XIX en un
sin número de personajes y relatos, acerca de esta historia y sus
autores hablaremos mañana.