Alerta feminista por eventual reforma que impide la ILE
Por Mirta Rodríguez Calderón
(CIMAC/SEMlac).- El viernes 11 de junio, un tribunal del barrio
capitalino de Los Mina impuso a un médico y a su paciente la elevada
fianza de 400 mil pesos (casi 10 mil dólares) y de 200 mil pesos,
respectivamente, por la práctica de un aborto, y ambos tendrán que
presentarse ante un tribunal cada semana y no podrán salir del país.
Para las feministas, el suceso se interpreta como el
inicio de una cacería de culpables en este país donde, en enero, fue
proclamada una reforma constitucional con la tentativa de un artículo
que presume la vida desde la concepción y que ésta debe ser protegida a
toda costa.
Aunque SEMlac no pudo confirmarlo, hasta el momento
de escribir este despacho, es poco probable que la señora July Marte
Jiménez, quien ya es madre, esté en condiciones de pagar la citada
multa, lo que la coloca en riesgo de ir a prisión.
"De acuerdo a la doctrina y a la jurisprudencia
local, las medidas de coerción tienen como finalidad agotar una fase del
proceso, evitar que el procesado se pueda sustraer a la acción de la
justicia y a una posible condena", afirma John Garrido en la
enciclopedia Wikipedia dominicana.
Más allá de interpretaciones que corresponden a
expertos, desde ya el movimiento de mujeres está en alerta.
La abogada Desiree del Rosario, catedrática del
Centro de Estudios de Género de la Universidad INTEC, comentó que "habrá
que investigar cuál es la presunción de responsabilidad con la que
piensan formular una acusación real, porque el artículo 37 de la
constitución no tiene sanciones penales aplicables".
Si bien la Constitución no hace precisiones al
respecto, sí las hace el artículo 317 del Código Penal, un instrumento
acerca del cual también está puesta la mirada de la gente consciente del
país, por la desproporción inaudita de sanciones que prevé para los
casos de interrupción de embarazos.
Desde hace un tiempo se han estado preparando
argumentos para esa y otras disposiciones del referido Código. Más de
cuatro años atrás, las dominicanas y dominicanos enterados comenzaron a
abogar por "un código penal moderno y consensuado", pero el proceso se
detuvo.
En este país caribeño se producen cada año más de
100 mil interrupciones de embarazo en una población de ocho y medio
millones de habitantes, de los cuales la mitad son mujeres.
El texto del Código en cuestión establece que será
castigado con la pena de reclusión menor quien, "por medio de alimentos,
brebajes, medicamentos, sondeos, tratamientos o de otro modo
cualquiera, causare o cooperare directamente a causar el aborto de una
mujer embarazada, aun cuando ésta consienta en él".
También establece la misma pena para la mujer que
cause, consienta o se someta a un aborto -siempre que el aborto se haya
efectuado-, y una sanción de seis meses a dos años a las personas que
hayan puesto en relación o comunicación a una mujer embarazada con otra
persona para que le produzca el aborto, aún cuando no hayan cooperado
directamente en este.
En tanto, establece pena de cinco a 20 años de
reclusión a los médicos, cirujanos, parteras, enfermeras, farmacéuticos y
otros profesionales médicos, que, "abusando de su profesión, causaren
el aborto o cooperaren a él".
Desde siempre, esas disposiciones penales tuvieron
la oposición de médicos y paramédicos, quienes alegaban que, si una
mujer llegaba sangrando a un hospital, los obligaba a abstenerse de
atenderla clínicamente, por tratarse de un aborto en curso.
Cuando se discutía la reforma constitucional, esa
polémica volvió a revivirse y el Colegio Médico, así como otros grupos
de científicos, brindaron a la opinión pública muchísimas razones
médicas, las cuales no fueron suficientes frente al poderío de las
iglesias, fundamentalmente la católica, que influyó ante los
congresistas para que adoptaran el nuevo artículo.
En las recientes elecciones de mediados de mayo, la
propia iglesia editó panfletos, vociferó desde los púlpitos y reclamó a
sus feligreses y a toda la población para que no votara por los y las
congresistas que habían rechazado el artículo.
Pero los resultados fueron otros: la ciudadanía
eligió a buena parte de quienes votaron en contra, algunos con altísimas
votaciones, como Minou Tavarez Mirabal, abanderada del rechazo en el
seno del Congreso; y Julio César Valentin, quien preside la Cámara de
Diputados hasta que se instale el nuevo Congreso, el 16 de agosto.
UNA HISTORIA QUE APENAS COMIENZA
La abogada feminista Susi Pola, adalid de muchas
batallas a favor de las mujeres, alertó sobre la situación "tenemos que
tener los ojos bien abiertos", dijo.
"Desde que ví el reporte se me encogió el corazón,
que está bastante fruncido con la amenaza del feminicida que nos tiene
en vilo... ¿Qué más tendremos que ver? Hay que empezar a inventariar
todos los casos que salgan en la prensa y ver a quiénes podemos
defender, por lo menos las abogadas. Hay que juntar argumentos", dijo a
SEMlac.
Igualmente alarmadas se manifestaron otras
prominentes intelectuales que han cruzado mensajes recibidos por SEMlac
durante el fin de semana, entre las cuales figuran Fátima Lorenzo,
funcionaria de la Fundación Friedrich Ebert; Sergia Galván, directora de
la Colectiva Mujer y Salud; Denise Paiewonski, académica; y Esther
Hernández Medina, quien hace su doctorado en otro país.
UNA MAGISTRADA PRESTIGIOSA
La magistrada Marcia Raquel Polanco, quien impuso la
sentencia al médico y la mujer que abortaba, preside el Tercer Juzgado
de Atención Permanente, radicado en el ya mencionado sector de Los Mina,
en la zona oriental capitalina.
Ese es uno de los siete municipios de la provincia
Santo Domingo. Tiene una población aproximada de 787 mil 129 habitantes,
que en importante proporción se dedican al cultivo y venta de productos
agrícolas.
En razón de su cargo, esta jueza ha actuado en
muchos casos donde ha sido severa con violadores. En una situación de
incesto en que un padre violó a su hija, de menos de dos años, impuso la
pena máxima.
Aunque no pudo ser contactada, Polanco podría alegar
que acató las leyes. Y eso es cierto: son las leyes de este país las
que con frecuencia martirizan a las mujeres e ignoran sus realidades.
La historia apenas comienza en cuanto a lo que el
ministerio de Salud Pública pueda hacer, en este caso. Esa entidad
muchas veces ha sido omisa a considerar otros problemas de las mujeres,
como lo es la violencia; no obstante que tiene normas para ello, alegan
analistas.