OPINIÓN
Pensaba que el sentido común era el que imperaba en nuestras
sociedades, pero me equivocaba
Nuevos mitos que justifican al maltratador
Por Teresa Mollá Castells*
(CIMAC).- El
androcentrismo que vive, pervive, y se disfraza para continuar
manteniéndose, vuelve a buscar situaciones que le puedan beneficiar,
incluso a costa de la vida de muchas mujeres.
Ahora se intenta,
por todos los medios, volver a poner en marcha la vieja estrategia de la
poca verisimilitud de las palabras de las mujeres, e intentar desmontar
la realidad que sufren miles de mujeres cada día, y que es la de los
malos tratos continuados.
Con la ayuda de algunos profesionales,
de diferentes campos, que no están de acuerdo con la esencia de la
actual legislación, se atreven a cuestionar las palabras de cientos de
mujeres, e incluso la veracidad de sus denuncias.
Y no hay
derecho. No hay derecho que con este camuflaje, de nuevo seamos las
mujeres, las que tengamos que seguir demostrando que nuestras verdades
son tan iguales, como las de los hombres.
Hasta tal punto ha
llegado el mito, de las denuncias falsas por malos tratos, interpuestas
por las mujeres para beneficiarse de los derechos que les otorga la ley,
que hace unos meses tuvo que salir el propio Consejo General del Poder
Judicial a desmentirlo.
Y es que no es cierto que las mujeres nos
dediquemos a interponer denuncias falsas. Pero el patriarcado sigue sin
permitir que la igualdad real se imponga y con ella, el terrorismo
machista tienda a desaparecer. Y quizás por ello, antes de renunciar a
sus privilegios, se empeña de tacharnos de mentirosas a las mujeres.
Mientras,
la legitimidad de la voz de las mujeres que denuncian situaciones de
violencia machista, no se reconozca como tal, y se tienda a justificar
de cualquier modo la violencia, no estaremos en el camino correcto.
Como
sociedad, tendemos a avanzar protegiendo los derechos de las personas
más vulnerables y, por eso se legisló hace casi seis años en ese sentido
para proteger los intereses de las mujeres víctimas de la violencia de
género.
Se reconocieron derechos, se estipuló la tutela judicial
para la protección de dichos derechos, etcétera…Pero al parecer el
ejercicio de estos derechos, e incluso la aplicación de la ley, topa
frontalmente con sectores reaccionarios que interpretan estos avances
sociales como la usurpación de determinados privilegios.
Pero lo
más triste de todo esto, es cuando te encuentras con que quien tiene que
proteger a las víctimas, o quien tiene que defenderlas de sus
agresores, las vuelven a maltratar, al poner en duda su versión de los
hechos. Sencillamente no hay derecho.
Es cierto que la ley
integral contra la violencia de género nació con una clara voluntad de
transversalizar las acciones, para prevenir este tipo de agresiones, y
por tanto es ambiciosa en cuanto a los objetivos que pretende.
Pero
ser ambiciosa no debe confundirse con ser discriminatoria respecto a
los hombres. Y esto no ocurre. Sencillamente se tipifica como delito
algunas actitudes que a lo largo de la historia de justificaban como
normales dentro de las relaciones de pareja.
Además, al dejar de
considerarse un tema doméstico, y pasar a ser de carácter público,
implica a todas las instancias el Estado. Y que una de ellas, como lo es
el Consejo General del Poder Judicial, tenga que salir a desmentir el
nuevo mito de las denuncias falsas, nos da una idea del poder de
camuflaje que tiene el sistema androcéntrico en el que vivimos.
Pero
tampoco podemos perder de vista, que somos muchas las personas, mujeres
y hombres, que tenemos claro, quiénes son las víctimas, y quiénes los
verdugos, y por eso continuaremos en el camino de la denuncia pública, y
el de la solidaridad, con las verdaderas víctimas de este tipo de
terrorismo.
* Periodista de Ontinyent, corresponsal España.
tmolla@teremolla.net