Porque la gente indígena se sujeta de derechos humanos
A 16 años de llevar la "frente en alto y la mirada en la cima"
Por Anayeli García Martínez
(CIMAC).- A pesar
de las limitaciones, hostigamiento y amenazas, el Centro de Derechos
Humanos de la Montaña "Tlachinollan", cumple este mes, 16 años de
trabajo, a favor de los pueblos indígenas de Guerrero.
Con el
objetivo de lograr que se reconozca a la gente indígena como sujetos de
derechos humanos, en 1994 surgió este organismo de la sociedad civil en
Tlapa de Comonfort, Guerrero, pionero en documentar las violaciones
sexuales contra mujeres.
En sus inicios, Tlachinollan estaba
conformado por tres abogados, un lingüista y un antropólogo. Hoy son más
de 27 personas que tienen el compromiso de buscar justicia y respeto
para las comunidades nahuas, mixtecas, tlapanecas y amuzgas, de la
Montaña y Costa Chica de esa entidad.
Abel Barrera Hernández,
director del Centro dice que a pesar de los obstáculos han logrado
sobrevivir gracias al apoyo, impulso y presencia de las víctimas, pero
además por la legitimidad que su trabajo tiene entre la población
guerrerense.
Considera que su fuerza "es la fuerza de la
gente" porque al igual que los indígenas y campesinos de la Montaña:
"caminamos con riesgos y miedos, pero sin doblegarnos; con la frente en
alto y la mirada en la cima".
Debido a su trabajo como defensores
de derechos humanos, los integrantes de Tlachinollan tuvieron que
acostumbrarse a ser vigilados, recibir amenazas y agresiones físicas,
incluso algunos activistas han sido asesinados.
Al año llegan a
presentarse de dos a tres casos de hostigamiento. Sólo en 2009,
registraron al menos 15 eventos de este tipo, además de la tortura y
asesinato de Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas, dos colaboradores
cercanos.
El 19 de abril de ese año, la Corte Interamericana de
Derechos Humanos (CoIDH) otorgó medidas provisionales para 107
defensores por considerar que su integridad física estaba en grave
riesgo, pues un año antes fue asesinado Lorenzo Fernández Ortega,
hermano de una mujer víctima de violación sexual por parte de elementos
del ejército.
Para Barrera Hernández, estos hechos demuestran que
en el estado no hay garantías para realizar un trabajo en defensa de
las comunidades, por el contrario las autoridades criminalizan su labor,
"la denigran con el argumento de que lucramos con la sociedad", señala.
Desde
hace 16 años, Tlachinollan ha visto iniciar y finalizar varias
administraciones estatales y municipales, que lejos de respetar su
trabajo, se dedicaron a dar sistemáticos golpeteos para verlos fracasar.
APRENDIZAJES Y RETOS
Durante su larga trayectoria, el
Centro ha defendido casos relacionados con el derecho a la salud,
vivienda, trabajo, educación y acceso a la justicia. Muchos de ellos han
sido llevados por Vidulfo Rosales Sierra, coordinador del Área
Jurídica.
El abogado lleva las demandas contra la construcción de
la Presa Hidroeléctica la Parota, el cacicazgo en perjuicio de varios
campesinos ecologistas y le encarcelación del activista Raúl Hernández
Abundio, quien lleva dos años en prisión por delitos que no cometió.
En
su larga trayectoria Tlachinollan logró llevar a la justicia
internacional cuatro casos de tortura contra indígenas, dos de ellos de
tortura sexual, el de las indígenas tlapanecas Inés Fernández Ortega y
Valentina Rosendo Cantú. Ambos casos permanecen en la CoIDH en espera de
una sentencia.
Sin embargo, Rosales Sierra destaca que hasta el
momento tienen documentados otros ocho casos de violaciones sexuales
contra mujeres. De ellas cuatro decidieron no denunciar para no
enfrentarse a la comunidad y a sus familias; las que sí lo hicieron no
encontraron justicia.
Esta impunidad -dice Abel Barrera- nos ha
enseñado que la justicia es onerosa y cara, y que para las personas
indígenas parece ser un bien inalcanzable porque además es corrupta,
insuficiente y racista.
Precisó que aunque las mujeres son un
factor trascendente para transformar las viejas estructuras, por
generaciones han sido acalladas, de ahí la importancia de que se
garantice justicia para ellas, quienes también son parte de la
reconciliación de los pueblos.
REFERENTE EN LA LUCHA
Junto
con organizaciones locales, nacionales e internacionales Tlachinollan
también busca crear un espacio civil para acompañar a su pueblo, así lo
señala Cristina Hardaga Fernández., coordinadora del Área
Internacional.
Entre sus alianzas se encuentran la Organización
de Pueblos Indígenas Tlapanecos, la Organización para el Futuro de los
Pueblos Mixtecos, Amnistía Internacional, el Centro por la Justicia y el
Derecho Internacional, The Washington Office on Latin America, entre
otras.
Teresa de la Cruz, coordinadora del Área de Comunicación
menciona que otras características de la Montaña de Guerrero son la
migración, la violencia, la militarización, la marginación por vivienda,
los conflictos agrarios y el rezago educativo.
Por tal razón
surgió la preocupación de incidir en esa región del país, que de acuerdo
con el Consejo Nacional de Población es catalogada como de alta
marginación y extrema pobreza.
Hasta el momento, el director de
Tlachinollan dice que aún mantienen la esperanza de lo que llama una
"utopía de justicia". A finales de este año la CoIDH dictará dos
sentencias contra el Estado mexicano, las cuales podrían ser una
esperanza para las víctimas y para todo el pueblo.